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Biografìa de Efrain Recinos
Nació en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala el 15 de mayo de 1928. Urbanista, Pintor, Escultor, Muralista, Escenógrafo, Inventor, profesor de matemáticas, de construcción y de Arquitectura. Estudio en la Universidad de San Carlos de Guatemala, Acústica con el Doctor Wilhelm Jordan, de Dinamarca, dibujo y escultura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas y en el Instituto de Leicester, Inglaterra (1968). Hijo de María Trinidad Valenzuela Micheo y José Efraín Recinos Arriaza. Trabajó en la Dirección de Obras Públicas (1954).
En 1954, concursó en un certamen, donde presentó una perspectiva de una vivienda en la cual utilizó técnicas de paisajismo aprendidas en la infancia, el premio lo llevó a ser parte de la Dirección de Obras Públicas. Así inició una carrera como dibujante de presentación arquitectónica, en la cual hacía las presentaciones a los arquitectos Montes, Pelayo Llarena y Haeussler, que entre otras obras realizadas, fueron los que construyeron el Centro Cívico de la Ciudad de Guatemala. En este período involucró a sus propios personajes, que poco a poco se convirtieron en protagonistas de sus creaciones y hoy forman parte de la figuración que lo caracteriza.
Participó en 1959 en un certamen universitario en el que participó con el cuadro titulado “Indigestión de Tamales” y del cual resultó ganador, pero como se negó a cambiar el nombre de su obra por el sugerido por el jurado “Abstracciones” tuvo que compartirlo con dos de sus compañeros estudiantes Amerigo Giracca y Elmar Rojas.
En 1962, ganó el primer premio del Certamen Nacional Carlos Valenti, con su cuadro “La Huella de mis antepasados”; en 1963, con su obra “La Noche de los Mayas”, logra afianzarse entre los artistas jóvenes de la época; en 1964, los organizadores del Certamen Juannio, que apoya obras del Instituto Neurológico de Guatemala, llegaron a su estudio y le invitaron a participar en la subasta, en la cual participó con el cuadro “Diablos morados” que alcanzó el precio de Q400.00.
De su obra se dice que: “desborda pasión e inteligencia, emparentado con el surrealismo, pero con un sello inconfundible y personal, acentúa la fantasía aumentando el cromatismo. Pero si la razón domina, en su obra plástica impera lo sensorial que resurge como nueva en cada una de ellas.
Si revisáramos el conjunto de su plástica, veríamos en ella la pureza de sus intenciones, aunado a un idealismo indiscutible. Su pintura es directa y muy meditada, aunque hay momentos en que resurgen nostalgias. Toda su obra es de una composición grandiosa, estructurada con firmeza, y el color confirma esta aseveración”.
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